Durante mucho tiempo pensé que mi fatiga y las venas marcadas eran normales.
Me levantaba, hacía mis cosas, trabajaba, cumplía con mis responsabilidades…
Pero había algo diferente.
Ya no sentía la misma energía que antes, me sentia pesado, mis piernas me dolian
No era que estuviera completamente agotado.
Era algo más sutil.
Me costaba un poco más mantener el ritmo durante el día.
Hacer ejercicio requería más esfuerzo.
Y algunas actividades que antes hacía sin pensarlo dos veces ahora me dejaban sintiéndome más cansado.
Al principio no le presté demasiada atención.
Pensé:
"Será el estrés."
"Estoy durmiendo menos."
"Quizás necesito tomar más café."
"Es normal, todos nos cansamos."
Y seguí con mi vida.
Hasta que empecé a hacerme una pregunta:
¿Y si no se trataba simplemente de "tener menos energía"?